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Arquitectura civil

EL AYUNTAMIENTO Y CARCEL

De 1.856, según reza el grabado sobre el dintel de la puerta, muestra su antigüedad en la pétrea estructura.

En la cárcel que dicen nunca tuvo entre sus muros personas acusadas de delitos graves, y si algunos presos “en depósito franco” cuando eran conducidos a través de Las Hoces en carromato, a otras poblaciones.

En el período entre 1752 y 1761 se construyó en el casco de la villa, barrio de La Fragua, un edificio para ayuntamiento y cárcel, con habitación alta, que tenía 32 pies de frente y veintiuno de hueco, lindando a todos los aires con caminos concejiles.

El edificio conserva uno de los escasos relojes de sol existentes en edificios públicos de la región. D.M.A. García Guinea y Dª Elena de Diego Anbuhl nos lo describen así: “Sobre ménsula curva en el esquinal izquierdo del ayuntamiento de Pesquera. Bloque rectangular alargado, de 60 cm. de ancho por 48-50 de alto. De un solo cuadrante, grabado con líneas horarias que parten del semicírculo clásico y se encierran en marco también grabado. Los números son árabes y están repintados. Conserva fleje largo y torcido de un solo apoyo. Sobre la ménsula, nos dicen, va señalado el “AÑO 1779” o 1759, y una exclamación de “VIVA PESQUERA”. Conservación buena.” Esto nos permite considerar la fecha de alguna reforma en edificio existente con anterioridad.

El edificio que aún conserva el letrero de Cárcel sobre uno de los dinteles, tiene sobre el dintel principal el letrero de Casa Consistorial y el año 1.856, fecha en la que se realizaría alguna obra.

Asimismo tiene una placa dedicatoria a uno de los hijos ilustres del pueblo, el cantor de tonadas regionales D. Aureliano Ruiz.

En tiempos albergaba cárcel, y teatro en su planta superior.

EL ROLLO, PICOTA DE LA ANTIGUA VILLA

En la plaza del Ayuntamiento se yergue el Rollo de Jurisdicción S. XVI.

Pesquera conserva uno de los pocos “rollos” o picotas de piedra, con planta circular, de Cantabria. En él están labradas cuatro cabezas de animales.

Hay que echar siglos atrás y ver cómo allí eran conducidas las personas cuya conducta merecía el público escarmiento. Era una picota expiatoria.

Vestigio del pasado. La justicia solía ser más que ejemplarizadora, escarnizadora y el reo un objeto de pública mofa, desprecio o escarnio. La picota era el escaparate donde el delincuente había de pagar su primera pena, expuesto a la curiosidad no siempre conmiserativa de la gente.

Vetusta piedra cilíndrica, que descansa sobre una escalinata circular, de cuatro peldaños, el fuste cilíndrico de varias piezas se remata en una especie de capitel del que sobresalen cuatro cabezas monstruosas medio humanas, medio quiméricas, y en la parte superior una pieza suelta y nueva a modo de escalón.

Da testimonio de la importancia de Pesquera como villa.

Datado en el S. XVI, que se supone un símbolo de la justicia ejercida por los señores laicos en la Edad Moderna. Este tipo de obras, que en Castilla recibían el nombre de “picotas”.

Debió de estar rematado por la enseña del cristianismo.

Llama la atención su bello capitel y su armoniosa concepción; las cuatro cabezas de animales fantasmagóricos que sobresalen a modo de canelillos y la pátina de su piedra perfectamente labrada.

El rollo y horca de piedra que solía haber a las entradas de la población, era el elemento donde se exponía la cabeza de los ajusticiados o los reos a la vergüenza pública, y era la insignia de la jurisdicción de la villa.

Pesquera desde tiempo inmemorial tenía la categoría de villa. Cuando una localidad obtenía de Su Majestad el Privilegio de Vara, es decir, el privilegio de elegir Alcalde propio, lo que conllevaba el título de Villa, adquiría la jurisdicción civil y criminal, alta y baja, mero y mixto imperio, y el privilegio de poner horca o picota en su territorio como signo de jurisdicción.

Por decreto de 23 de mayo de 1812, se transformaban en ayuntamientos constitucionales a los existentes en el Antiguo Régimen, con independencia de su tamaño y carácter jurisdiccional (señorío o realengo); amparaba la creación de otros nuevos en todas las localidades que por sí solas o con su comarca, reuniesen una población de el menos mil habitantes, y posibilitaba la erección de otros de aquellas jurisdicciones a las que, sin alcanzar aquella base demográfica, pudiera convenirles poseer ayuntamiento en consideración a sus peculiares circunstancias socioeconómicas.

En efecto, al tener Pesquera la categoría de villa por aquel entonces, fue elevada inmediatamente a la categoría de ayuntamiento constitucional en la fecha mencionada, a pesar de tener una cuarta parte de la población que se requería para obtener tal categoría. El rollo o picota siguió siendo signo de su facultad de nombrar alcalde propio y de ejercer la jurisdicción civil y criminal en su territorio, que ya detentaba desde tiempo inmemorial.

Con el andar del tiempo y el cambiar de las costumbres el “rollo” de Pesquera fue el lugar elegido para dejar “el cuerpo del delito”, cuando los mozos del lugar se tomaban las natas robadas de los pucheros dejados sobre el alfeizar de la ventana. El recipiente de la leche hurtada aparecía indefectiblemente al día siguiente en aquel lugar. Pero queremos creer que el monumento en cuestión fue también hito de otras muchas historias del pueblo y que allí en su torno más de una vez la juventud se reunió a cantar aquella estrofa de nuestro cancionero: ”…Si vas a Reinosa párate en Pesquera, verás que mozucas más guapas te esperan…”, tan magistralmente cantada por el inolvidable Aurelio Ruiz, hijo del pueblo.

Es similar al rollo existente en la localidad próxima de Pié de Concha, en cuanto a la forma de construcción de gradas circulares y fuste cilíndrico sin decorar, también formado por ocho piezas y diferenciándose en la decoración del capitel y en el remate.

Este rollo es uno de los pocos conservados en Cantabria, lo que ha llevado a su declaración como Bien de Interés Cultural, en abril de 2.002.

ANTIGUA ESCUELA DE PESQUERA

Cerrada por falta de niños en el municipio en el curso 1996-97, se convierte en Albergue Juvenil de 42 plazas cogestionado con el Gobierno de Cantabria.

Recientemente se suspende esta cogestión y el edificio queda en desuso temporalmente.

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ARQUITECTURA INDUSTRIAL

HARINERAS. FERRERÍAS

Sobre el río se ven las viejas edificaciones molineras y corriente más abajo lo que fue una gran ferrería, y la presa que contiene el agua a pocos metros siempre río abajo.

Cuenta Barreda y Ferrer de la Vega en su tomo correspondiente a “La marina cántabra”, que en 1786 tomaba auge en nuestra provincia la industria harinera, siendo el Besaya uno de los ríos donde se establecieron algunas de las más importantes fábricas de molturación de trigos. Fueron también como se sabe las antiguas ferrerías las transformadas más tarde en aceñas o molinos maquileros.

Las edificaciones ruinosas denuncian la existencia de dos de estos molinos. El situado más cercano al pueblo propiedad en la actualidad del Ayuntamiento, cumplió durante muchísimos años las sucesivas misiones de herrería y aceña; el segundo, más alejado del núcleo de Ventorrillo, y conocido por El Gorgollón, hace que el viajero se detenga todavía a contemplarlo en su lento desmoronamiento, aunque pintoresco todavía en su complejo enclave.

MOLINOS EN PESQUERA

En 1752 existían tres molinos situados sobre el río Besaya y uno sobre el arroyo que atravesaba el casco de la villa.

En 1761 notamos la existencia de cinco molinos, tres de los propietarios ya figuraban en la declaración de 1752: D. Juan Antonio Rodríguez, propietario del molino de Arriba; D. Antonio Gutiérrez Moreno, medio racionero en las parroquias de Lantueno y Pesquera, propietario del molino de El Medio; y D. Juan González del Corral, propietario del molino de Abajo. Aparecen como nuevos propietarios D. Baltasar de Bustamante y don Marcos Antonio de Vierna. Este último había construido molino nuevo, por lo que Baltasar de Bustamante sería probablemente propietario del molino sito en Pontona, en el casco de la villa.

Se menciona a Pesquera como el primer lugar de nuestra región en el que los cilindros sustituyeron a las tradicionales muelas de piedra, lo que se realizó en un molino situado en la margen derecha del río Besaya.

La antigua fábrica de Harina “La Montañesa”, recientemente adquirido por el Ayuntamiento.

Se trata de un complejo de edificios sobre el río Besaya donde hace escasos años se molían doce toneladas diarias de grano. Se estudia su rehabilitación para ubicar algunos obradores agroalimentarios y recuperación de la casa del molinero e instalación de un museo de arqueología industrial de la molinería.

FERRERÍA DEL GORGOLLÓN

Con la apertura del mencionado camino en 1753, Marcos de Vierna (socio de Fernández de Isla y constructor del Camino Real de Castilla), que había sido el contratista del mismo, solicitó al Concejo de Pesquera permiso para instalar una ferrería en su jurisdicción, con el fin de aprovechar las leñas de los inmensos bosques que rodeaban a la villa para convertirlos en carbón de madera y utilizarlos como combustible para la fundición del mineral de hierro.

Don Marcos de Vierna Pellón, que había sido socio de Fernández de Isla en los años en que éste era asentista de maderas para los Astilleros de Ferrol y mantenía excelentes relaciones conel Marqués de la Ensenada. Estos vínculos le facilitaron tal vez la concesión que en 1.748 se le hizo de la construcción del camino de Castilla, obra que concluyó en un plazo de cinco años. Un año antes de finalizada, en 1.752, solicitó y le fue concedida la instalación de la ferrería de Gorgollón, en un paraje del camino que él calificaba de desértico y en el que eran frecuentes los asaltos de bandolero.

Su influencia sirvió también, sin duda, para situar a su yerno don Luis Cueto como inspector del camino y se le concediese la instalación de otra ferrería en el pueblo de Santiurde. Ambas ferrerías pasaron por herencia al hijo de este último, don Manuel de Cueto Vierna hacia finales del siglo XVIII. Demasiado ocupado por los negocios que tenía en Cuba, desatendió su administración y acabaron pasando a otras manos.

La ferrería de Gorgollón le fue embargada por deudas en 1.800 y rematada dos años más tarde a favor de don Ignacio Francisco Martínez (abogado) y su mujer doña Juana de Vinar Quevedo, una de las acreedoras a la que el administrador de la ferrería debía 26.000 reales (pagaron por ella 300.000 reales). Al año siguiente se la vendieron a don Francisco González de Villalar, factor de la real Provisión de Víveres de los Reales Ejércitos y Armanda, quien, a pesar de su más que probable avanzada edad, todavía detentaba la propiedad en 1.850.

El complejo industrial se componía de una Casa Torre de tres plantas destinada a vivienda, con una bodega en la planta baja; la presa de la ferrería con sus compuertas y estribos a una y otra parte del río, y una hornera junto a ella.

El edificio propio de la ferrería, con dos arcos para el paso de los árboles mayores.

Junto a este edificio había dos carboneras, un pajar y la rocha, que era el lugar donde se guardaba el vino para los ferrones.

Había dos hornos de raguar, que era la labor de calcinar y machacar la vena de hierro para su mejor fusión.

Aprovechando las mismas aguas del río Besaya se construyó un molino, todo él de cantería, dotado de ruedas, rodeznos y canal, con sus paredones y manguardias.

Para atender a la vida espiritual de los operarios de la ferrería, Marcos de Vierna construyó una capilla totalmente equipada para el Culto, bajo la advocación de la Concepción de Nuestra Señora, previo permiso de los Provisores del Arzobispado de Burgos y Licencia para decir misa en ella, concedida por el Arzobispo de dicho Arzobispado.

La ferrería estuvo activa desde su fundación y hasta casi todo el siglo XIX, y en sus tiempos normales de labranza fundía unos 1.800 quintales de hierro macho anuales, con mineral procedente de Somorrostro, en las Encartaciones, que se traía mediante barcadas hasta Requejada y desde allí se transportaba a Pesquera por el recién abierto Camino de Santander a Reinosa.

Se tiene noticia en la obra “Aportación al estudio de las ferrerías montañesas”, de Carmen G. Echegaray, de esta vieja fragua, de la que era propietario en 1795 el capitán Manuel de Cueto y Vierna, vecino de Pesquera, si bien el negocio era llevado por Pablo de Vierna. Igualmente vecino del pueblo, por hallarse aquél en las Indias. Entonces se pagaba el quintal de hierro a 107 reales. En 1.832, la producción de esta industria ferrera se fijaba en 1.800 quintales de hierro. Y años más tarde, en 1.840, se mantenía esta producción anual en manos de un nuevo propietario, Francisco de Villalaz. Se conocía esta ferrería en la comarca con el nombre de Gorgollón, tomado, sin duda, del paraje donde se halla enclavada.

La industria férrica en nuestra región va casi siempre relacionada o unida a la industria harinera.

Fernando Barreda y Ferrer de la Vega hace referencia en su tomado sobre “La Marina de Cantabria” del auge tomado por la industria harinera en 1.786, siendo el Besaya el río a cuyas márgenes más fábricas de harinas se habían establecido, por estar dentro de la ruta de Castilla al puerto de Santander en la época floreciente de este comercio de la molturación de trigos, con destino a las colonias de América y otros países .

De modo y manera que los molinos vinieron a suplir en buena parte a las ferrerías, en decadencia.

En Pesquera, uno de estos molinos, la fábrica de harinas, se hallaba más cerca del pueblo, en Ventorrillo, ribera izquierda del Besaya; fue propiedad de los herederos de Francisco González; el otro sucesor de la ferrería del Gorgollón alcanzó una gran actividad como industria harinera en manos de Santiago García y de la Sociedad de Fabricantes de Harinas de la provincia, que ofreció como gran novedad el empleo de cilindros ensus sistema de molturación, primero de tal clase no sólo en nuestra región, sino en España. Se calculaba su producción diaria de harinas en tres vagones.

En la obra de Vicente Palacio Atard, “El comercio de Castilla yel puerto de Santander”, hallamos noticias sobre la industria harinera en toda la línea del Besaya, incluido un mapa donde, entre esas industrias, se señala la de Ruiz de Quevedo, en Pesquera, construida el año 1.801; y se sabe que en 1.802 estaba ya en producción, y en abril de aquel año su propietario solicitaba los derechos o privilegios establecidos para los aranceles a aplicar a este tipo de industria, puesto que todos estos establecimientos se habían acogido a la legislación protectora y obtenían con cierta facilidad, incluido el uso del escudo con las armas reales y el título de “real fábrica” que la Junta de Comercio otorgaba, previo pago de trescientos reales.

Hasta aquí, hasta Pesquera, llegaban los carreteros, que se detenían en Ventorrillo a efectuar las cargas de barriles que transportaban hasta el puerto, y en el pueblo había gran ambiente.

Trabajaban molinero, almaceneros, oficiales de barrilería, cernedores, etc. Fue, sin duda, una época de gran actividad, no sólo porque el movimiento de transporte de harinas se hacía hasta el puerto de Santander, sino porque también llegaban desde el propio puerto santanderino trigos extranjeros a esta fábricas, para ser molturados y reexpedidos por mar a sus países de origen, o a las provincias españolas de ultramar. El ferrocarril del Norte fue la causa de que esta fábricas de cayeran, al acercar al puerto directamente las harinas de Castilla molidas en aquellas provincias.

El sistema empleado en las ferrerías consistía en cocer el mineral en hornos bajos, usando como combustible carbón vegetal. Al menos desde el siglo XV usaban ya la energía hidráulica para insuflar aire en el horno a través de fuelles y para mover un mazo que servía para golpear la llamada goa o zamarra, es decir, la masa pastosa de hierro que salía del horno tras la cocción; el martillo servía para compactarla, liberarla de la escoria y darle forma.

Por lo tanto, las ferrerías hidráulicas necesitaban disponer, en primer lugar, de agua, lo que les obligaba a ubicarse en las proximidades de los ríos. Mediante una presa y conducían y elevaban ésta hasta un depósito bajo el cual dos grandes ruedas verticales, aparejadas a sendos ejes, giraban impulsadas por el golpear del agua que caía sobre las palas. Por otro lado, necesitaban también combustible, por lo que buscaban áreas suficientemente pobladas de bosque para poder garantizar su abastecimiento. Por último, necesitaban por supuesto mineral, pero no cualquier mineral sino que, para conseguir un hierro maleable, exigían venas ricas y con muy poco azufre. Dicho mineral procedía, principalmente de Somorrostro, por lo que la accesibilidad a la costa constituía también un factor importante a la hora de elegir el emplazamiento de una ferrería.

De las dos materias primas demandadas en el proceso de producción, el combustible era la que participaba con mayor volumen. Para la obtención de un kilo de hierro eran necesarios tres de vena y cinco de carbón vegetal y cada uno de éstos resultaba del carboneo de cinco kilos de leña, es decir, silas cuatro ferrerías venían a producir unas 375 Tm. de hierro al año, ello suponía un consumo de unas 9.375 Tm. de leña.

El carbón era elaborado en el propio monte por carboneros especialistas. Utilizaban el sistema de hacina alta, que consistía en levantar grandes hacinas sobre bases de piedra, colocando la leña en pisos sucesivos de grosor decreciente en torno a un poste, que después se retiraba para introducir, por la chimenea resultante, ramas y leña menuda. Todo el conjunto se cubría con ramas, hojarasca y tierra, a modo de aislante. Luego se encendía por la chimenea y se dejaba quemar lentamente. Una vez carbonizada la leña se dejaba enfriar y se conducía a la ferrería. La escasez de montes próximos llevó a continuos pleitos entre la ferrería de Santiurde y el Gorgollón, y la presión sobre estos espacios tuvo como consecuencia un deterioro del monte alto, que, sin embargo, resulta bastante difícil de valorar.

Durante los años cincuenta del siglo XIX comienzan a surgir los problemas para las ferrerías de Cantabria. La aparición en el mercado de cantidades cada vez mayores de hierro producido por la moderna siderurgia nacional y extranjera, incidió sobre los precios reduciendo los márgenes de beneficio. El hierro forjado, demandado casi exclusivamente por el sector artesano, fue perdiendo importancia ante la penetración de productos elaborados industriales que comenzó a arruinar la actividad.

La ferrería de Gorgollón optó por el abandono de la actividad, transformando la instalación en harinera.

Los desmontes y rellenos realizados para servicio durante la ejecución de las obras de ensanche de la carretera N-611 y en la actualidad descuidada área de aparcamiento y vertedero incontrolado de basuras, han acabado prácticamente con los restos de las construcciones industriales de “El Gorgollón”, conservándose el paredón de un edificio de tres plantas.

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